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Desde la psiquis de la tauromaquia

Actualizado: 25 ene 2022


Toro de Lidia

La Fiesta Brava junto con los pueblos ha evolucionado, el toreo a pie, nació en el siglo XVIII, llamado el siglo de las luces, como una forma de representar el poder de la civilización sobre la naturaleza bruta. Esta Fiesta no ha dejado de transformarse y enriquecerse, pues está en constante construcción a través de los años (Guadalupe Rodríguez Muñoz, Análisis de la comunicación en las corridas de toros), pero igualmente es interesante como esta disciplina ha sido abordada con repudio y rechazo por el grueso de la sociedad en los últimos años, entre otras cosas, por la "tortura" ejercida y aplicada hacia el toro, planteando también que esta contienda se da de forma desigual, en donde la figura enaltecida del torero sale avante.


Sin embargo, esta puede ser una visión un tanto sesgada, ya que es posible abordarla desde un ámbito mas bien metafísico y abstracto. No hay que dejar de lado que el toro, específicamente el toro de lidia, es criado, alimentado y condicionado para la contienda, viviendo en completa libertad hasta su etapa más adulta, hasta el punto de escoger al más apto, más fuerte y más ensañado para pelear en la arena, y es que el término "pelear" es bien aplicado en este caso, ya que al animal se le pone a luchar por su subsistencia a costa del torero, con lo cual, se le da el respeto que a especies criadas para consumo masivo no reciben, las cuales de alguna manera son cosificadas para satisfacer las necesidades de una población, de una especie cada vez más voraz, asumiendo que la muerte silenciosa y oculta es más digna.


En contraparte, no se puede hablar de tortura durante la liada, debido a que en ningún momento se goza del sufrimiento del animal, y siempre existe la defensa del toro mediante su bravura, argumentar que se debe prohibir esta práctica por el sufrimiento del toro, es similar a buscar la prohibición de la pesca por el suplicio que pasa el pez a ser sacado del agua, como lo menciona el filósofo Francis Wolff.


Para un hombre del siglo XXI, el dolor es el peor de todos los males pues le deja completamente impotente. Para ciertos animales, algunos males son peores que el dolor, por ejemplo, el estrés que experimentan cuando se encuentran en una situación insoportable o un entorno inadaptado a su organismo.


Los estudios experimentales del profesor Illera del Portal, Director del Departamento de Fisiología Animal de la facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, han demostrado (a través de la medida de la cantidad de cortisol producida por el organismo) que el toro de lidia sufre más estrés durante su transporte o en el momento de salir al ruedo que en el transcurso de la lidia; y que incluso el estrés disminuye en el curso de la pelea. Por eso no sorprende que los estudios, ya mencionados, hayan demostrado que este animal, particularmente adaptado para la lidia, tenga reacciones hormonales únicas en el mundo animal ante el “dolor” (que le permiten anestesiarlo casi en el mismo momento en que se produce), especialmente debido a la segregación de una gran cantidad de beta-endorfinas (opiáceo endógeno que es la hormona encargada de bloquear los receptores del dolor), sobre todo, cuando se produce en el transcurso de la lidia (Francis Wolf, 2011) . Por los resultados obtenidos se ha verificado que el umbral de percepción de dolor en los toros es altísimo (Juan Carlos Illera,2007).



Las tendencias del antitaurismo se podrían explicar mediante la teoría de identidad fragmentada de Hall (2003) y la modernidad líquida postulada por Bauman (2000), en donde la identidad del sujeto individual se encuentra descentralizada y en un continuo flujo y por consiguiente no sólida, producto entre otros factores también relevantes, al proceso globalizador que le permite al individuo elegir otras identidades (Guadalupe Rodríguez, 2010). Esto nos llevaría a comprender el desarraigo hacia la cosmovisión que nos ha precedido, junto con el abandono de ciertos valores y principios propios de dicha cosmovisión, que no es precisamente un proceso negativo, pero que conduce a varios errores al momento de interpretar ciertos ritos y costumbres.



Se podría decir entonces, que la tauromaquia es una especie de estandarte con un toque de rebeldía en contra de la estandarización, cosificación e incluso deshumanización que se vive y permea en la metafísica colectiva de una sociedad que busca las utopías, pero que la aleja de su imperfección, en pos de evitar el sufrimiento, siendo este parte de la propia existencia, asumiendo y encontrando una victimización postpolítica en la figura del toro. Es una forma que se rebela en contra del Imperialismo cultural que se ha venido impregnando y adueñando de las formas de ritualización, mitificación y costumbres de cada sociedad y pueblos particulares.



Finalmente, la tauromaquia es una contraparte que confronta la hipocresía de una sociedad de consumo, que sistematiza la muerte de otras especies, no siendo más cruel que la misma cosificación, que la misma falta de dignificación y respeto que sufren estas mismas, desde su propio génesis hasta su terminación.




Sí, en el toreo está presente la muerte,

pero como aliada, como cómplice de la vida:

la muerte hace comparsa para que la vida se afirme.


Fernando Savater



Fuentes

  • Guadalupe, Muñoz. (2010). Comunicación en las Corridas de Toros.

  • Francis, Wolff . (2010). Cincuenta razones para defender las corridas de toros .

  • Revista de Estudios Taurinos N.º 31, Sevilla, 2012. págs. 223-231

  • Illera, J. Gil, F. Silván, G. (2007).Regulación neuroendocrina del estrés y dolor en el Toro de Lidia .


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